Mostrando entradas con la etiqueta edición. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta edición. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de julio de 2016

Réquiem por una editorial

Lo veía venir: un expediente de regulación de empleo en 2014, muy pocos encargos en 2015, facturas sin pagar desde enero de 2016 y otro expediente de regulación de empleo en junio de este mismo año, que ha afectado la mitad de lo que quedaba de su plantilla. [1] La Editorial Océano se ha estado derrumbando.
Es una pena. No solo por la pérdida de un cliente con el que he colaborado durante más de diez años, sino también por lo que significa para el sector de las publicaciones la caída de uno de los gigantes editoriales españoles con más fuerte presencia en el mercado iberoamericano.
La causa principal del descalabro parece estar en las pérdidas que han llevado a la editorial a contabilizar “números rojos”. Aunque visto desde fuera —como lector—, el origen del problema pudiera estar también en la incapacidad de Océano para actualizarse y adaptarse a las nuevas realidades de ese mercado iberoamericano del que tanto ha dependido su gestión.

[1] Camilo S. Baquero: «Editorial Océano plantea un ERE para el 50% de la plantilla», El País, 1 de junio de 2016.

[Imagen: Manual de estilo, Océano, 1992.]


viernes, 13 de mayo de 2016

Producción de libros en España (2015)

Según una nota de prensa publicada en enero de este año por la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), en 2015 se publicaron en el país 74.144 títulos. [1]
La cifra contrasta con los datos (en millares de títulos) del Instituto Nacional de Estadística (INE) para los años precedentes: 2005: 63,6; 2006: 66,3; 2007: 72,9; 2008: 86,3; 2009: 74,5; 2010: 76,2; 2011: 74,2; 2012: 69,7; 2013: 56,4; 2014: 56,0. [2]
Hubo, por lo tanto, en 2015, según las cifras de la FGEE, un aumento de la producción de alrededor de 18,1 mil títulos con respecto a 2014.
A la espera de que el Instituto Nacional de Estadística confirme esta tendencia, es un dato alentador que se espera se traduzca en un aumento de las ofertas de trabajo para trabajadores y colaboradores editoriales en 2016.

[1] Federación de Gremios de Editores de España: «El sector editorial español publicó 73.144 títulos en 2015», Notas de Prensa, enero de 2015. (Hasta el día de hoy, el INE no ha publicado los datos de la producción editorial para cada año que habitualmente hace públicos en marzo.)
[2] Datos tomados de la “Serie 2005–2014” en «Estadísticas de la Producción Editorial. Año 2014», Notas de Prensa, Instituto Nacional de Estadística, 26 de marzo de 2015.

[En la imagen: Abraham Bosse. Taller de impresor, c. 1642, grabado.]


viernes, 12 de febrero de 2016

Decir que no: otra experiencia

Las relaciones con los clientes son un tema recurrente en Cuaderno de Trabajo. Tiene que ser así porque son la base de la actividad profesional de un traductor autónomo. Hay que prestarles la mayor atención, aunque, cuando no son todo lo armoniosas que debieran ser, requieren más cuidado.
Las relaciones positivas, fluidas y, sobe todo, equitativas, no presentan ninguna dificultad. Simplemente, siguen su curso normal. Lo que sí requiere cierto estado de alerta es cuando se produce un desequilibrio excesivamente favorable al cliente que pueda culminar en una actitud abusiva. Entonces es cuando hay que saber —y correr también el riesgo de— decir que no.
Se dice no, básicamente, cuando, de una sola vez, un cliente pretende pagar tarifas bajas, exige plazos breves de entrega de los trabajos terminados, entrega sus trabajos con una baja calidad de presentación, y dilata las fechas de los pagos.

[Imagen: Domenico Ghirlandaio: San Jerónimo en su gabinete, fresco, 184 × 119 cm (1480).


viernes, 22 de enero de 2016

¿Traductor o revisor? Una experiencia

Me parece que exponer este tipo de situaciones es una buena experiencia para compartir con los colegas más jóvenes y recién llegados a la profesión. Porque todavía hay algunos clientes prospectivos que no tienen claro cuál es el valor real de una traducción. O quizá sí lo tienen.
La semana pasada recibí la llamada de uno de estos posibles clientes. Me preguntó si podía hacerle la revisión de un texto traducido por él mismo. Lógicamente, rechacé amablemente su encargo, tal como hicieron otros traductores que había contactado antes, según él mismo me informó.
Nunca he sabido cuáles son las capacidades de esta persona para hacer una traducción, pero deben de ser escasas cuando él mismo creyó necesario solicitar la revisión de un traductor profesional. Tampoco tengo claro por qué no acudió a un profesional para traducir su texto en primer lugar.
Sin embargo, sí tengo claro por qué los traductores rechazamos ese tipo de encargo. Es por una cuestión de oficio y de tarifas. Primero, es una cuestión de oficio. Si alguien se cree capaz de traducir, magnífico. Es que, en el fondo, supone que no necesita un traductor. Cree que lo que necesita es un corrector de estilo. Segundo, es una cuestión de tarifas. Si alguien traduce un texto él mismo para ahorrarse tener que pagar la tarifa más alta de una traducción, y pagar en cambio una tarifa mucho más baja por una revisión que convertiría ese texto suyo en el que no confía en un trabajo bien hecho, los traductores lo sabemos y no aceptamos depreciar nuestro trabajo.

[Imagen: Alberto Durero: Der heilige Hieronymus im Gahäus [San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su gabinete], 1514, grabado.]


viernes, 25 de diciembre de 2015

2015: Perfiles temáticos

En esta última entrada de 2015, hago balance del trabajo del año. Tal como esperaba, la diversificación temática, más que la especialización, sigue siendo la mejor fórmula para continuar trabajando en condiciones de crisis económica.
Incluyo, por lo tanto, la lista (en orden alfabético) de los temas que hemos traducido y editado a lo largo de este año: administración, autoayuda, bienestar físico, botánica y jardinería, caminatas, cocina y nutrición, catálogos editoriales, consejos para viajeros, consejos sobre fotografía, cosmética, diccionarios escolares, docencia, enfermería, ensayo, guías de viaje, literatura infantil y novelas.
En términos numéricos, las guías de viaje siguen siendo la temática más frecuente.
¡Felices fiestas!

[1] Ver «2014: Perfiles temáticos», 26 de diciembre de 2014.

[Imagen: Giovanni Bellini: San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes)  leyendo, 1505, óleo sobre madera.]


viernes, 9 de octubre de 2015

Mala praxis, mal cliente (2)

En la entrada anterior, comenté el caso de una profesional autónoma y su relación difícil con un cliente que le pagaba mal, que no pagaba en la fecha prevista, cuyos textos eran de baja calidad y que le daba poco tiempo para hacer los trabajos. [1] Hace unos días, supe que, después de que no le habían pagado todavía dos facturas atrasadas, rechazó un nuevo encargo. La reacción de este cliente fue sentirse, cuando menos, ofendido.
Aprovecho el desenlace de este asunto para observar que la «pérdida» de este cliente no es tal. Quien pierde ha sido él, que ha desperdiciado la posibilidad de seguir contando con la colaboración de una profesional con una sólida formación académica y muchos años de experiencia en su actividad, acompañados por un alto nivel de calidad y una puntualidad constante en sus entregas.
Algo va mal en una empresa que no cuida sus relaciones con sus colaboradores más competentes. Percibo que la idea de que siempre hay alguien parado para hacer el trabajo en cualesquiera condiciones, prima en estas malas praxis y priva a algunas empresas del nivel de calidad que sus producciones necesitan.

[1] Ver «Mala praxis, mal cliente», 11 de septiembre de 2015.


viernes, 11 de septiembre de 2015

Mala praxis, mal cliente

A una colega que presta servicios editoriales la llamó hace poco un nuevo cliente. Los resultados de esta relación han sido los siguientes: paga mal, no paga en la fecha prevista (hay que recordarle que no ha hecho los pagos), los textos son de baja calidad (muchos errores y erratas para corregir) y da poco tiempo para hacer los trabajos. Me parece un buen ejemplo de un cliente que hay que descartar.
En octubre de 2011, publiqué una entrada en este blog donde expuse la idea que tengo de un buen cliente y una conclusión. Para mí —publiqué en esa ocasión—, «[…] un buen cliente:
A. Acepta y paga tarifas justas.
B. Paga puntualmente.
C. Presenta textos de buena calidad.
D. Solicita plazos de entrega razonables.
E. Solicita exactamente lo que quiere, porque sabe lo que quiere.
F. Está siempre disponible para aclarar dudas.
G. Respeta a sus traductores y valora sus servicios.
H. Establece relaciones consideradas, honradas y transparentes.
I. Acredita el trabajo de sus traductores y respeta sus derechos (copyright).
J. Establece relaciones a largo plazo.
Si encontramos clientes que no son así, es preferible no tenerlos.» [1]
Cuatro años después, vuelvo sobre el tema porque sigue siendo válido que las  malas prácticas son el retrato robot de un mal cliente.

[1] Ver «Consejos Prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011.

[Imagen: Abraham Bosse. Taller de impresor, c. 1642, grabado.]


viernes, 6 de febrero de 2015

¿Traducir como Procusto?

Hace años que en las editoriales españolas se ha venido estableciendo la norma de maquetar las traducciones de algunos títulos sobre el mismo diseño de página del libro original. Es una especie de «copia fiel» que no tiene en cuenta las diferencias de extensión en uno y otro texto en la lengua de partida y en la de llegada.
La traducción se convierte en algo más que eso. Es traducir y además editar para recortar el texto traducido y ajustarlo al espacio del original con la consiguiente pérdida de parte del contenido escrito por el autor.
No sé hasta qué punto tiene sentido perder texto para ahorrar espacio de esta forma. Hay otras maneras de resolverlo. Pero no dejo de sentirme como Procusto, el mítico personaje clásico griego que cortaba los trozos de quienes sobresalían de la cama.

[Imagen: Teseo mata a Procusto en una pintura en el fondo de una cílica ática de figuras rojas, c. 440 a.C.]



viernes, 26 de diciembre de 2014

2014: Perfiles temáticos

Como esta es la última entrada de 2014, es el momento oportuno para hacer balance del trabajo del año.
Ya no me sorprende la variedad temática. Desde los primeros efectos negativos de la crisis en el sector de la traducción y la edición de la economía española, [1] la diversificación temática, más que la especialización, han sido la mejor fórmula para continuar trabajando.
Lo evidencia la lista (en orden alfabético) de los temas que hemos traducido y editado en el año que finaliza. Las temáticas han sido: agendas, botánica, catálogos editoriales, cocina, docencia, guías de viaje, jardinería, literatura infantil, lógica, manuales de conversación para viajeros, nutrición, páginas web, publicidad y traumatología.
En términos numéricos, las guías de viaje han sido la temática más frecuente.

[1] Ver Blanca Cia: «El sector editorial pierde 1.000 millones en cuatro años», El País, 12 de diciembre de 2014.

[Imagen: Giovanni Bellini: San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes)  leyendo, 1505, óleo sobre madera.]


viernes, 2 de mayo de 2014

Otra vieja edición

A veces, encontramos sin buscar. Otras, buscamos sin encontrar. Hoy quiero referirme al primer caso. Acabo de descubrir que una librería de viejo en Internet oferta una de mis ediciones en Buenos Aires, Argentina. El hallazgo ha sido toda una sorpresa. Sobre todo, porque una obra editada por mí en La Habana haya viajado tan lejos, hasta el extremo sur del continente.
La edición, de 1991, es una selección de trabajos periodísticos acerca de la crisis árabe-israelí en la región de Oriente Medio, y formaba parte del catálogo de obras de la Editorial Gente Nueva.
Los trabajos seleccionados abarcan desde el origen del conflicto hasta la primera Intifada de los palestinos. [1]

[1] Ver «Vieja edición», 5 de abril de 2013.

[Cubierta: Fernando Nápoles Tapia (selección, edición, prólogo y notas), La crisis del Medio Oriente, Editorial Gente Nueva, 1991.]


viernes, 21 de marzo de 2014

Nueva «Norma de Vancouver»

En los últimos 36 años, en las revistas biomédicas, se ha generalizado el empleo de la llamada «Norma de Vancouver», cuyo nombre oficial es Uniform Requirements for Manuscripts Submitted to Biomedical Journals: Writing and Editing for Biomedical Publication, aunque algunas de sus normativas se han ido extendiendo a otras ciencias. [1]
Estos requisitos de uniformidad para manuscritos presentados a las revistas biomédicas se elaboraron por primera vez en 1978, durante una reunión en la ciudad canadiense de Vancouver, por un grupo de editores de revistas biomédicas, y se han ido revisando periódicamente por el Comité Internacional de Directores de Revistas Médicas (CIDRIM). Dicha norma establece requisitos de uniformidad para cientos de revistas científicas de todo el mundo.
Estos requisitos fueron sustituidos en agosto de 2013 por Recommendations for the Conduct, Reporting, Editing, and Publication of Scholarly Work in Medical Journals.
Las nuevas recomendaciones han sido revisadas y actualizadas en diciembre de 2013.

[1] Su última versión está fechada en abril de 2010.

[Imagen: Mesa de trabajo medieval publicada originalmente en G. F. Rodwell: South by East: Notes of Travel in Southern Europe, Marcus Ward, 1877.]


viernes, 21 de febrero de 2014

Mi primer tutor editorial

Cuando comencé a editar en 1974, no había en La Habana una carrera de nivel universitario para preparar editores ni otro tipo de curso para su formación.
Al entrar a trabajar en la Editorial de Ciencias Sociales, pasé primero seis meses corrigiendo pruebas de imprenta en su Departamento de Correcciones antes de ser asignado a la Redacción Política de su Departamento Editorial.
El adiestramiento se llevaba a cabo sobre la base de un sistema muy similar al del maestro y el aprendiz que habían puesto en práctica los gremios medievales.
Mi primer tutor fue el editor Ángel Luis Fernández, quien guió mis primeros pasos en la que sería una de mis dos profesiones. Además de editor de primera línea en la Redacción de Sociología y Lingüística de esa misma editorial, fue poeta, narrador, compilador y ensayista. Sin embargo, su trabajo profesional no ha tenido el reconocimiento oficial que merece.
Yo lo recuerdo con gratitud por todo lo que me enseñó y por todo lo que aquellas primeras enseñanzas contribuyeron no solo a mi formación como editor novel, sino a mi posterior ascenso a jefe de redacción y a redactor jefe. [1]

[1] Ver «Mi primera edición», 8 de octubre de 2010.

[Foto: Ángel Luis Fernández Guerra (1942–2010).]


viernes, 10 de enero de 2014

Cambios fiscales

Comenzamos el año con novedades en los trámites de Hacienda, que ha anunciado la eliminación de las presentaciones en papel de algunas de sus declaraciones informativas.
A los autónomos nos afectan dos: los modelos 390 (Declaración-Resumen Anual del IVA, a partir de enero de 2014) y 303 (Autoliquidación trimestral del IVA, a partir de abril de 2014). Debemos presentar estos documentos por Internet mediante certificado electrónico, el sistema PIN24H o el sistema de predeclaración a través de la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria.
Donde no hay novedades es en el IVA y en el IRPF que se mantienen en 21%, ni en las tarifas que siguen estando entre las más bajas de los diez países más desarrollados.

[Imagen: Paul Vos: El recaudador de impuestos, óleo sobre tela, 1543.]

  

viernes, 20 de diciembre de 2013

Una revisión de estilo «ligera»

Un cliente me pidió recientemente la revisión de estilo «ligera» de una novela en inglés. Normalmente, para los editores anglófonos, «ligera» quiere decir corregir problemas ortográficos, gramaticales y de puntuación, y otros usos incorrectos del idioma, además de aquellos problemas que afectan la uniformidad del uso de las mayúsculas, la ortografía, las fuentes tipográficas, el uso de los guiones y de los números. No se hace mucho más.
No obstante, una vez comenzado el trabajo, fue necesario añadir una portadilla con su reverso; editar la página de créditos; añadir una página para el epígrafe y un índice de contenido; editar los títulos de los capítulos; ajustar el espaciado; reordenar párrafos; hacer correcciones en la sintaxis, la terminología y el estilo editorial; editar los diálogos, y los monólogos interiores y su puntuación específica; y corregir concordancias y, especialmente, el uso de los tiempos verbales dentro de un mismo párrafo.
Después de todo, el trabajo no fue tan light.

[En la imagen: Abraham Bosse. Taller de impresor, c. 1642, grabado.]


viernes, 25 de octubre de 2013

Sobre los manuales de estilo

Los llamados «manuales de estilo editorial» desempeñan la función de elemento unificador del trabajo de autores, traductores, editores, revisores de estilo, correctores y otros trabajadores editoriales. En su contenido, se abordan normas para la preparación de los originales que se van a publicar e incluyen aspectos tipográficos, de puntuación, y cuestiones generales de redacción, gramática, sintaxis, ortografía, etc.
Sin embargo, prácticamente, cada idioma, cada país con un idioma común y cada editorial «tiene su librillo». Y esto dificulta, precisamente, el trabajo de quienes deberían beneficiarse con estos textos.
Por eso, me parece razonable la política aplicada desde 1978 por el Comité Internacional de Revistas Médicas, y su esfuerzo por desarrollar y aplicar sus «Requisitos de uniformidad para manuscritos enviados a revistas biomédicas».
Tal vez, sería conveniente comenzar por que cada país buscase una forma de dar uniformidad a sus diversas normas editoriales. [1]

[1] Ver «Primera norma cubana de edición», 14 de enero de 2011.

[Imagen: Portada del documento de la Oficina Nacional de Normalización: «Edición de publicaciones no periódicas: requisitos generales», Norma Cubana 1:2005.]


viernes, 13 de septiembre de 2013

Acerca de la indexación

Los ordenadores han hecho que el trabajo de traducción y edición sean mucho más fáciles y más productivos. De eso no hay ninguna duda. Pero hay ocasiones cuando un error de planificación excluye, por ejemplo, la posibilidad de hacer uso de la indexación generada por ordenador durante el proceso final de producción de un libro. En esos casos, es útil conocer algunos de los viejos principios generales de indexación. Se pueden resumir brevemente a continuación:
Quien lo elabora debe conocer qué tipo de índice debe preparar, qué partes del libro se deben incluir y debe trabajar con las pruebas finales del texto. Los editores deben recordar que cualquier cambio que altere la paginación de la obra tiene su efecto sobre las páginas anotadas en el índice, por lo que se deben evitar cambios de última hora.
Quien elabora el índice debe tener una idea clara de los términos que interesa incluir u omitir en las entradas.
El proceso de indexación siempre comienza marcando las entradas en las pruebas de las páginas. Después, estas entradas se deben teclear y ordenar alfabéticamente para producir un borrador.
La utilización de fichas con las entradas seleccionadas en las pruebas puede resultar útil en esta fase del proceso. Deben incluir un término por ficha con las referencias a las páginas y se deben ordenar alfabéticamente.
La información recogida en estas fichas se teclea posteriormente en el borrador para producir el índice definitivo.

[Imagen: Cicerón redactando sus cartas, xilografía tomada de sus Epistulae ad familiares, publicadas por Girolamo Scoto, Venecia, 1547, detalle.]


viernes, 6 de septiembre de 2013

Desarrollo de proyectos editoriales

La respuesta —en una entrada anterior— [1] a una pregunta dio lugar a otra: ¿Qué ocurre cuando un editor acepta un manuscrito?
El manuscrito aprobado se incluye en el plan de publicaciones de la editorial. Sin embargo, el paso siguiente pudiera ser una cierta forma de desarrollo de proyectos editoriales, si el manuscrito ha sido aceptado con recomendaciones.
Un editor —developmental editor en inglés— sugerirá por lo general cambios basados en dichas recomendaciones. Además, puede realizar consultas con el autor antes de comenzar el proceso de edición para reconsiderar títulos y subtítulos; rescribir y/o reestructurar partes, oraciones y/o párrafos del texto; solucionar varios aspectos de su contenido; y sugerir el tratamiento editorial de ilustraciones, gráficos y/o notas aclaratorias.

[1] Ver «Proyectos editoriales en inglés», 9 de agosto de 2013.

[Imagen: Mesa de trabajo medieval publicada originalmente en G. F. Rodwell: South by East: Notes of Travel in Southern Europe, Marcus Ward, 1877.]


viernes, 9 de agosto de 2013

Proyectos editoriales en inglés

Ya he publicado acerca de algunas llamadas que he recibido de autores españoles interesados en publicar sus obras en inglés. [1] A continuación, presento algunas ideas sobre quienes son las personas más adecuadas que se deben contactar.
Algunas grandes editoriales en lengua inglesa incluyen en sus plantillas un especialista llamado acquisitions editor. Son profesionales altamente calificados cuya línea principal de trabajo es encontrar obras originales publicables, y hallar y contratar nuevos autores. Parte de su trabajo consiste también en conocer a fondo el mercado editorial. Una buena forma de ofertar nuevos manuscritos a estas editoriales es averiguar si tienen alguno en sus plantillas y contactarlo.
Los autores deben estar preparados para presentar alguna información básica preliminar. Por ejemplo: un breve resumen del libro, una idea del público al que va dirigido, alguna información sobre el autor, el índice de contenido completo y por lo menos un capítulo de muestra.
Si se necesita más información, el editor probablemente la solicitará.

[1] Ver «Más sobre las traducciones para auto-publicaciones», 12 de abril de 2013.

[Imagen: Abraham Bosse. Taller de impresor, c. 1642, grabado.]


viernes, 26 de julio de 2013

La historia me absolverá (en inglés)

Tal vez, el documento más editado, reeditado, revisado y vuelto a revisar de la política cubana sea La historia me absolverá, alegato de autodefensa de Fidel Castro del 16 de octubre de 1953 ante el tribunal que lo juzgó por los ataques armados simultáneos contra los cuarteles militares de las ciudades de Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de julio de aquel año. Hoy se cumple su sesenta aniversario.
Este alegato, que se recompuso en prisión y circuló poco después de forma clandestina, sirvió de base programática para el movimiento revolucionario que derrocó la dictadura militar encabezada por el general Fulgencio Batista entre el 10 de marzo de 1952 y el 31 de diciembre de 1958.
En 1998, la Editorial José Martí me encargó el cotejo y revisión con una redactora en castellano de la traducción al inglés de la versión entonces vigente de dicho documento para una edición que se publicó ese mismo año.
Se trataba —además de una defensa— de una denuncia de los problemas económicos y sociales que afectaban la isla en la década de 1950 y que justificaban, según el punto de vista del autor, la insurrección armada.
El documento prometía reformar el país sobre las bases establecidas por la constitución democrática de 1940 y de solucionar los problemas de la tenencia de la tierra y del latifundismo nacional y extranjero; el escaso desarrollo industrial del país; la crisis generalizada de la vivienda; el elevado por ciento de desempleo; y las deficiencias crónicas de los sistemas de educación —con un alto nivel de analfabetismo— y de la sanidad públicas.

[Imagen: Fidel Castro: History Will Absolve Me, Editorial José Martí, 1998.]


viernes, 12 de julio de 2013

Los lomos (de los libros)

Esta semana he tenido que responder algunas consultas sobre la distribución de los textos en las cubiertas de los libros, y me ha parecido interesante compartir una de ellas con mis colegas más jóvenes.
Ya he definido el lomo de un libro en otra entrada como la: «Parte estrecha de la encuadernación que une la cubierta con la contracubierta. Se imprime generalmente con título, autor y logotipo del editor.» [1]
En esta ocasión, la duda ha sido cómo distribuir estos textos en dicho lomo.
Lo ideal es que el libro sea lo bastante voluminoso como para que los textos quepan a lo ancho y facilitar su lectura cuando se encuentra en una posición vertical en un estante (ver los tres primeros ejemplares a la izquierda de la imagen). Sin embargo, no siempre es así y eso obliga al diseñador gráfico a distribuir los textos a lo largo del lomo.
Se aplican dos formas:
1) A la europea, cuando el texto se lee de abajo hacia arriba.
2) A la estadounidense, cuando el texto se lee de arriba hacia abajo (ver los ejemplares a la derecha de la imagen).
Muchos diseñadores y editores obvian esta diferencia y las usan indistintamente, aunque hay una tendencia a emplear la forma estadounidense.
Yo prefiero esta forma porque tiene una ventaja: cuando los libros se colocan horizontalmente con la cubierta hacia arriba, los textos quedan derechos —y fácilmente legibles— mientras que con la forma europea quedan invertidos.

[1] «Términos editoriales: Cubierta», 25 de noviembre de 2011.

[Imagen: Lomos anchos y a la estadounidense de algunas de mis traducciones.]