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viernes, 1 de mayo de 2015

Formación y experiencia

Hace un par de semanas, expuse sobre el tema «Experiencias del traductor independiente» en el Master de Traducción Biomédica y Farmacéutica que ofrece el Instituto de Educación Continua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Se asociaban allí dos aspectos fundamentales en la preparación de un traductor de cualquier especialidad: la formación y la experiencia.
Hace más de 50 años, cuando daba mis primeros pasos en la profesión, carecíamos de los cursos que hoy se ofrecen para preparar traductores, y la experiencia práctica era algo básico a la hora de seleccionar alguno de estos profesionales.
Las cosas han cambiado. Los alumnos llegan cada vez más preparados a los masteres y postgrados. La formación de hoy compensa la falta de experiencia de los principiantes y pone a disposición del mercado laboral profesionales mucho más aptos para realizar buenos trabajos de traducción desde el mismo comienzo de sus carreras.
La experiencia, que solo llega con el tiempo, empieza a ocupar ahora un segundo lugar en el proceso de valoración de los traductores, que cuentan hoy con una mejor preparación académica.
Pero hay una contradicción: mientras sube la calificación, bajan los salarios y las tarifas.

[Imagen: Giovanni Bellini: San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes)  leyendo, 1505, óleo sobre madera.]


viernes, 9 de mayo de 2014

Postgrado de traducción 2013–2014

Tras once años académicos consecutivos, el pasado 30 de abril he dado la primera conferencia de este curso sobre mi «Experiencia profesional en la traducción biomédica» en el Postgrado en Traducción Biomédica y Ciencias de la Salud que desarrolla el Instituto de Educación Continua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona en la sede de la Facultad de Traducción e Interpretación.
Desde el curso 2002–2003, el IDEC hace un esfuerzo para preparar traductores en distintas especialidades científicas y, en años más recientes, en la especialización biomédica y otras profesiones relacionadas con la salud.

[Imagen: Sede de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona.]


viernes, 21 de febrero de 2014

Mi primer tutor editorial

Cuando comencé a editar en 1974, no había en La Habana una carrera de nivel universitario para preparar editores ni otro tipo de curso para su formación.
Al entrar a trabajar en la Editorial de Ciencias Sociales, pasé primero seis meses corrigiendo pruebas de imprenta en su Departamento de Correcciones antes de ser asignado a la Redacción Política de su Departamento Editorial.
El adiestramiento se llevaba a cabo sobre la base de un sistema muy similar al del maestro y el aprendiz que habían puesto en práctica los gremios medievales.
Mi primer tutor fue el editor Ángel Luis Fernández, quien guió mis primeros pasos en la que sería una de mis dos profesiones. Además de editor de primera línea en la Redacción de Sociología y Lingüística de esa misma editorial, fue poeta, narrador, compilador y ensayista. Sin embargo, su trabajo profesional no ha tenido el reconocimiento oficial que merece.
Yo lo recuerdo con gratitud por todo lo que me enseñó y por todo lo que aquellas primeras enseñanzas contribuyeron no solo a mi formación como editor novel, sino a mi posterior ascenso a jefe de redacción y a redactor jefe. [1]

[1] Ver «Mi primera edición», 8 de octubre de 2010.

[Foto: Ángel Luis Fernández Guerra (1942–2010).]


viernes, 7 de febrero de 2014

La traducción de mini-jobs

La proliferación de mini-jobs es una de las consecuencias de la actual crisis económica. Se trata de empleos temporales, por horas y por bajos salarios que se ofertan en el marco de una alta tasa de desempleo. La filosofía que los sustenta es que es mejor tener algo que no tener nada.
Sin embargo, los trabajos breves han sido una constante habitual en el sector de la traducción. Son fundamentalmente encargos de documentos, correspondencia, publicidad, textos para páginas web y todo tipo de materiales de poca extensión que facturan menos de 100 euros. Los nuevos en el oficio, hacen de mala gana este tipo de trabajos.
Aunque, en realidad, no son una fuente importante de ingresos, si son un buen ejercicio práctico y una buena experiencia de relación profesional con un cliente.
Como lo expresara Samuel Pepys: «El que no se agacha por un alfiler, nunca tendrá una libra.» [1]

[1] Samuel Pepys: Diario, 3 de enero de 1668.

[Imagen: John Hayls, Samuel Pepys, óleo sobre tela, 756 × 629 mm, 1666.]


viernes, 31 de enero de 2014

Viejo amigo de la infancia

Por casualidad, me he enterado de la desaparición de My Weekly Reader en 2012 después de 84 años de publicaciones. Ha sido como perder a un viejo amigo de la infancia. Fue un elemento importante en la educación en la lengua inglesa que recibí en una escuela primaria de La Habana en la década de 1950 antes de marcharme a los Estados Unidos.
Aunque mi lengua madre es el español, mis padres decidieron matricularme en una escuela bilingüe y recuerdo que My Weekly Reader formaba parte de su programa de lecturas.
Guardo en la memoria —no sé por qué— un recuerdo especial por el número dedicado a la coronación de la reina Isabel II de Inglaterra, que circuló cuando yo cursaba el tercer grado.
Sin saberlo aún, estaba preparándome para mi profesión.

[Imagen: «La lección de canto», Spiegel des menschlichen Lebens [Espejo de la vida], Augsburg, circa 1475-1476, xilografía.]


viernes, 25 de octubre de 2013

Sobre los manuales de estilo

Los llamados «manuales de estilo editorial» desempeñan la función de elemento unificador del trabajo de autores, traductores, editores, revisores de estilo, correctores y otros trabajadores editoriales. En su contenido, se abordan normas para la preparación de los originales que se van a publicar e incluyen aspectos tipográficos, de puntuación, y cuestiones generales de redacción, gramática, sintaxis, ortografía, etc.
Sin embargo, prácticamente, cada idioma, cada país con un idioma común y cada editorial «tiene su librillo». Y esto dificulta, precisamente, el trabajo de quienes deberían beneficiarse con estos textos.
Por eso, me parece razonable la política aplicada desde 1978 por el Comité Internacional de Revistas Médicas, y su esfuerzo por desarrollar y aplicar sus «Requisitos de uniformidad para manuscritos enviados a revistas biomédicas».
Tal vez, sería conveniente comenzar por que cada país buscase una forma de dar uniformidad a sus diversas normas editoriales. [1]

[1] Ver «Primera norma cubana de edición», 14 de enero de 2011.

[Imagen: Portada del documento de la Oficina Nacional de Normalización: «Edición de publicaciones no periódicas: requisitos generales», Norma Cubana 1:2005.]


viernes, 19 de julio de 2013

Sobre la jubilación

Traducir y editar no tienen nada de aburrido. Por ejemplo, este primer semestre de 2013 mi esposa y yo hemos traducido, revisado y corregido textos de las temáticas siguientes: arte, biografía, cocina, empresariales, farmacología, ficción, física y turismo. También he asesorado a una pequeña editorial española sobre una obra que están editando en inglés después de traducirles cuatro de sus textos preliminares a esa misma lengua.
Esto es lo que hace tan difícil la idea de la jubilación. Uno sabe que la hora se aproxima, pero es duro imaginar una mañana sin una página en blanco y un texto a la espera de ser traducido; un original listo para ser revisado o unas pruebas por corregir.
Es algo que se disfruta haciéndolo y que se ha convertido en una parte importante de la vida cotidiana. Es más que una cuestión de ingresos. Es duro renunciar a algo que nos ha puesto en contacto con personas muy talentosas e interesantes; que ha contribuido a nuestro conocimiento y a nuestra cultura durante más de medio siglo.

[Imagen: Domenico Ghirlandaio: San Jerónimo en su gabinete, fresco, 184 × 119 cm (1480).


viernes, 5 de julio de 2013

Ganadores y perdedores

Muchos de mis colegas siguen quejándose en los foros de traductores acerca del intrusismo profesional en nuestro mercado de trabajo abierto para todos. Pienso que es más una cuestión de ética empresarial que un problema de ética laboral. Los traductores profesionales desempeñan su trabajo con seriedad, y lo hacen bien y legalmente.
El caldo de cultivo que permite el intrusismo en la traducción se localiza en algunos sectores de la comunidad empresarial que buscan traducciones baratas, y que menosprecian el respeto que merece el público.
Los ganadores son aquellos clientes que prefieren bajar costes a expensas de la calidad y contratan traductores incompetentes.
El perdedor es el público que paga un buen precio por un producto malo.
Mis colegas tienen razón cuando se quejan. Cuando un traductor sin cualificación acepta tarifas muy bajas, entrega traducciones de mala calidad y trabaja dentro de la economía sumergida, pone en peligro el prestigio de nuestra profesión.

[Imagen: Hans Holbein: El vendedor ambulante (Serie Danza de la Muerte), 14,7 cm × 10,7 cm, xilografía, circa 1538.]


viernes, 14 de junio de 2013

Seleccionando redactores de estilo

Como jefe de redacción y redactor jefe, he tenido que seleccionar redactores de estilo para mi redacción. Aunque había un flujo constante de currículos a mi despacho, este aumentaba mucho en los meses posteriores al final de los cursos académicos, cuando los graduados comenzaban a buscar trabajo.
Me interesaban dos grupos: redactores de estilo en español y redactores de estilo en lenguas extranjeras. Es decir, un grupo de profesionales que pudiesen realizar revisiones de estilo en español, y otro grupo para cotejos y revisiones de estilo en otras lenguas.
Los graduados sin experiencia podían ser tomados en cuenta para adiestrarlos para el primer grupo, pero el segundo grupo requería el dominio de una lengua extranjera. Los mejores candidatos para el primer grupo eran los graduados en las temáticas que publicaba la editorial. Los candidatos ideales para el segundo eran los graduados en traducción e interpretación.
El denominador común básico para ambos grupos era tener una licenciatura. Pero había otros tres aspectos de importancia que se consideraban en las entrevistas: tener excelentes conocimientos y dominio del español o de las lenguas de partida y de llegada; tener conocimientos sólidos de sus respectivas culturas y literaturas; y ser capaz de redactar con fluidez en español o en otra lengua.
Un redactor de estilo fiable no podía trabajar bien nuestros originales si no era capaz de detectar errores y, sobre todo, argumentar gramaticalmente las correcciones propuestas a su jefe de redacción y, especialmente, a los autores.
La revisión de estilo de nuestros libros requería un nivel de familiaridad con los contenidos de los libros que editábamos. Por eso, se preguntaba a nuestros futuros redactores de estilo acerca de sus hábitos de lectura, su comprensión de los temas que editábamos en nuestra editorial y su familiaridad con las culturas correspondientes.
Un redactor de estilo fiable no podía producir un original editado de alta calidad para nosotros si no podía sugerir correcciones razonables de títulos y subtítulos, sugerir la eliminación de repeticiones innecesarias, reordenar párrafos, rescribir oraciones, y escribir buenas notas al pie de la página y para las solapas y las contracubiertas de nuestros libros. Por lo tanto, los candidatos tenían que demostrar algunas capacidades básicas de redacción y corrección editorial durante sus seis meses de prueba.

[Imagen: Daniel Maclise: [William] Caxton Showing the First Specimen of His Printing to Prince Edward IV at Almonry, Westminster, 683 mm × 1,038 mm, papel, técnica mixta, ¿1858?]


viernes, 30 de noviembre de 2012

Viejas traducciones escolares

Hace ya algunos días, he estado recordando mis deberes escolares en inglés y castellano durante la década de 1950.
Creo que la mayor parte de mis colegas experimentaron lo mismo antes de imaginar que iban a ser traductores profesionales.
Mis primeros deberes fueron traducir textos del inglés al castellano y redactar párrafos breves en inglés en una escuela primaria de La Habana; traducir lecciones cortas del latín al inglés en un instituto de Miami; y resumir y traducir textos literarios en castellano —por ejemplo, El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón— en otro instituto de Miami. Aunque entonces no lo sabía, probablemente fueron las semillas de una vocación futura.
Como he publicado antes, me hice traductor hace cincuenta años «como una vía para ganar algún dinero extra para mis gastos, y de aprovechar los conocimientos de inglés adquiridos durante mis estudios primarios y secundarios en Miami.» [1]
Más tarde, esta profesión me conduciría a la edición y a una larga relación de trabajo con libros, revistas y publicaciones científicas.

[1] Ver «Primeras traducciones» 24 de septiembre de 2010.

[Imagen: Pieter Brueghel: La torre de Babel, óleo sobre madera, 114 × 155 cm (1563).

viernes, 23 de noviembre de 2012

Postgrado en Traducción Biomédica y en Ciencias de la Salud


Anoche, di la primera conferencia sobre mi «Experiencia profesional en la traducción biomédica» en el Postgrado en Traducción Biomédica y en Ciencias de la Salud que ofrece el Instituto de Educación Continua de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
Este postgrado —que comenzó en el curso académico 2010–2011— es un buen complemento del Master en Traducción Científico-Técnica de la UPF, en el que imparto conferencias sobre «Redacción y revisión en diversos ámbitos científicos y técnicos» desde el curso 2002–2003. 
El programa del curso de postgrado «prepara a los participantes para que puedan desarrollar una tarea profesional como traductores en el campo de la biomedicina, cumpliendo las exigencias aplicables al traductor como freelance, en empresas y en organismos internacionales. Se dirige tanto a profesionales del ámbito de la traducción o la lengua y la comunicación, como a profesionales del ámbito biomédico, científico o técnico en general».

[En la imagen: Facultad de Traducción e Interpretación, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona.]

viernes, 28 de septiembre de 2012

La lectura y la traducción


Además de dedicar los cincuenta años de mi vida profesional a los libros y a las publicaciones como traductor y especialista editorial, soy un lector insaciable.
Se ha dicho mucho de los beneficios de la lectura, pero quiero insistir sobre su importancia como fuente de conocimientos y de cultura para los traductores.
La formación educacional, los diccionarios, Internet, las nuevas tecnologías, las obras de referencia son factores importantes en nuestro oficio, pero los conocimientos y la cultura son los cimientos de una carrera profesional de éxito.
La lectura ayuda a mejorar considerablemente nuestros conocimientos y a extender nuestra cultura al darnos una visión más amplia del mundo en que vivimos.
Leer en las lenguas con las que trabajamos mejora nuestro vocabulario, nuestra sintaxis y nuestra familiarización práctica con las reglas normativas.
Leer traducciones nos ayuda a aprovechar las experiencias —y también los errores— de otros profesionales para mejorar nuestro propio trabajo. Al leer regularmente, he aprendido mucho de otros traductores con los que comparto el amor por nuestra profesión.

viernes, 25 de mayo de 2012

Entradas útiles


Agrupo en esta ocasión algunas entradas publicadas el año pasado en este blog que me parecen útiles para mis más jóvenes colegas.
Sección «Sobre las traducciones», 21 de enero–18 de febrero de 2011
Viernes 21 de enero de 2011. «Sobre las traducciones (1)»
Viernes 28 de enero de 2011. «Sobre las traducciones (2)»
Viernes 4 de febrero de 2011. «Sobre las traducciones (3)»
Viernes 11 de febrero de 2011. «Sobre las traducciones (4)»
Viernes 18 de febrero de 2011. «Sobre las traducciones (5)»
Sección «Sobre la edición»,18 de marzo–29 de abril de 2011
Viernes 18 de marzo de 2011. «Sobre la edición (1)»
Viernes 25 de marzo de 2011. «Sobre la edición (2)»
Viernes 1 de abril de 2011. «Sobre la edición (3)»
Viernes 8 de abril de 2011. «Sobre la edición (4)»
Viernes 22 de abril de 2011. «Sobre la edición (5)»
Viernes 29 de abril de 2011. «Sobre la edición (6)»
Sección «Consejos prácticos», 5 de agosto–18 de noviembre de 2011
Viernes 5 de agosto de 2011. «Consejos prácticos: Los inicios»
Viernes 12 de agosto de 2011. «Consejos prácticos: Tiempo completo o parcial»
Viernes 19 de agosto de 2011. «Consejos prácticos: Traductor autónomo o empleado»
Viernes 26 de agosto de 2011. «Consejos prácticos: Aspectos legales, fiscales y administrativos»
Viernes 2 de septiembre de 2011. «Consejos prácticos: Servicios y mercado de destino»
Viernes 9 de septiembre de 2011. «Consejos prácticos: Capacidades y limitaciones administrativas»
Viernes 16 de septiembre de 2011. «Consejos prácticos: Buenas prácticas en traducción»
Viernes 23 de septiembre de 2011. «Consejos prácticos: La competencia»
Viernes 30 de septiembre de 2011. «Consejos prácticos: Inversiones»
Viernes 7 de octubre de 2011. «Consejos prácticos: Clientes (1)»
Viernes 14 de octubre de 2011. «Consejos prácticos: Clientes (2)»
Viernes 28 de octubre de 2011. «Consejos prácticos: Manuscritos»
Viernes 11 de noviembre de 2011. «Consejos prácticos: Tipografía»
Viernes 18 de noviembre de 2011. «Consejos prácticos: Derechos (Copyright)»
Sección «Términos editoriales» 25 de noviembre de 2011–13 de enero de 2012
Viernes 25 de noviembre de 2011. «Términos editoriales. Cubierta»
Viernes 2 de diciembre de 2011. «Términos editoriales: Hoja»
Viernes 9 de diciembre de 2011. «Términos editoriales: Página»
Viernes 16 de diciembre de 2011. «Términos editoriales: Partes»
Viernes 23 de diciembre de 2011. «Términos editoriales: Pliego de principios»
Viernes 30 de diciembre de 2011. «Términos editoriales: Cuerpo del texto»
Viernes 6 de enero de 2012. «Términos editoriales: Final»
Viernes 13 de enero de 2012. «Términos editoriales: Tipos»

[Imagen: Jost Amman: Der Buchbinder (El encuadernador de libros), 1568, grabado.]

viernes, 20 de abril de 2012

Linotipo


Hace algunas semanas, mencioné las «composiciones en caliente con linotipos» [1] en mis primeros años en la actividad editorial, en la década de 1970. Probablemente, mis colegas más jóvenes, que han crecido en la era de la informática, tengan poco o ningún conocimiento de este antiguo sistema de composición de textos en las industrias de la prensa y el libro.
Vi mi primer linotipo en una imprenta durante mi preparación como lector y corrector de pruebas. Era entonces una parte preliminar necesaria e importante del adiestramiento editorial de los redactores de estilo.
Los ordenadores han sustituido a los linotipos, que se han convertido en piezas de museo. Sin embargo, son una etapa significativa de la historia del libro.
Hace algunas semanas, mientras preparaba materiales para mis conferencias, encontré este vídeo. Me trajo gratos recuerdos de mis primeros años de adiestramiento en la plantilla de una editorial.



[1] «Formación editorial: Corrección de pruebas», 30 de marzo de 2012.

[Imagen: Linotipo, grabado publicado en Scientific American, 9 de agosto de 1889.]

viernes, 13 de abril de 2012

Formación editorial: Edición


Después de adiestrados como redactores de estilo, los redactores podíamos ser designados jefes de redacción. Yo dirigí una redacción con diez redactores subordinados. Sin embargo, incluso entonces, seguíamos sometidos por un tiempo al sistema de tutoría del maestro y el aprendiz. En esa ocasión, durante un año, estaríamos bajo la atenta mirada del redactor jefe de la redacción editorial.
Los jefes de redacción se adiestraban entonces para hacerse responsables de todas las funciones de una redacción. Por lo general: preparar y controlar el plan de trabajo de los redactores de estilo, informar en las reuniones semanales del consejo editorial, controlar los cumplimientos de los planes de publicación anual, evaluar manuscritos y preparar el plan de publicaciones del año siguiente, atender las necesidades administrativas de la redacción, ayudar a seleccionar el personal interno de la redacción, mantener un estrecho contacto con los autores, controlar el cumplimiento de las normas de calidad establecidas, tomar decisiones al nivel de la redacción, revisar los manuscritos editados antes de pasarlos a los procesos editoriales siguientes, coordinar el trabajo entre los redactores de estilo y los diseñadores gráficos, revisar los manuscritos editados antes de enviarlos al departamento de producción para su entrega a la imprenta, etc.
Un año después, sustituí a la redactora jefa de la editorial cuando se jubiló. Mis días de preparación habían llegado a su fin. Estaba solo para dirigir un departamento de redacción con cinco redacciones y un departamento de diseño.

[Imagen: Mesa de trabajo medieval, grabado publicado originalmente en G. F. Rodwell: South by East: Notes of Travel in Southern Europe, Marcus Ward, 1877.]

viernes, 6 de abril de 2012

Formación editorial: Revisión de estilo

Mi primer trabajo como redactor de estilo para una redacción editorial fue también parte del sistema práctico de tutoría del maestro y el aprendiz. Bajo la tutela de Ángel Luis Fernández, redactor culto y experimentado, hice la revisión de estilo de mi primer libro: Testimonio de una emigrada. [1]
Nos adiestraban para seguir procedimientos editoriales normados, que incluían el uso de los signos de corrección y edición establecidos. Por aquel entonces, los procedimientos editoriales que había que seguir eran una serie de pasos previstos para completar la revisión de estilo.
Primero se hacía una lectura previa del manuscrito para familiarizarse con la estructura y el contenido del libro, y se comprobaba su uniformidad, la ortografía, la sintaxis, la concordancia gramatical, la puntuación y aspectos básicos de estilo. Las primeras correcciones se hacían con lápiz.
En segundo lugar, se hacía la revisión final del manuscrito con las marcas editoriales definitivas para indicar los cambios; las especificaciones tipográficas para títulos y subtítulos, las sangrías del texto, la composición de las citas y notas; la ubicación de tablas e ilustraciones con sus pies de grabado, etc. Las marcas definitivas se hacían en tinta.
Finalmente, se hacía una rápida lectura final del manuscrito antes de enviarlo al departamento de diseño gráfico. [2]

[1] Edith Reinoso Hernández: Testimonio de una emigrada, Editorial de Ciencias Sociales, 1974.
[2] Ver «Mi primera edición», 8 de octubre de 2010 y «Primera norma cubana de edición», 14 de enero de 2011.

[Imagen: Scriptorium Monk at Work, grabado publicado en William Blades: Pentateuch of Printing with a Chapter on Judges, E. Stock, 1891.]

viernes, 30 de marzo de 2012

Formación editorial: Corrección de pruebas

Como celebro este año el cincuenta aniversario de mis primeros trabajos de interpretación y traducción, creo que es también un buen momento para mirar atrás a mi formación editorial.
Después de traducir durante doce años, entré a formar parte de la profesión editorial en 1974. Fue un período ya hace tiempo olvidado de revisiones de estilo de originales en papel, composiciones en caliente con linotipos, correcciones de pruebas de galeras y de planas, y una combinación de impresiones directas e indirectas.
Los editores y los redactores de estilo en las editoriales trabajaban estrechamente —y hasta conocían personalmente— a los linotipistas y correctores de pruebas de las imprentas. Las artes gráficas eran una parte importante de la industria del libro, aunque su corazón estaba en el departamento de redacción.
El adiestramiento editorial comenzaba al viejo estilo con el sistema de tutoría del maestro y el aprendiz, y una estancia de seis meses en el departamento de correcciones de una editorial. Durante esos meses, ese departamento adiestraba a los futuros redactores de estilo primero como lectores y después como correctores de pruebas de imprenta.
Como lectores, aprendíamos cómo leer en voz alta los textos de los originales para que el corrector pudiese corregir las pruebas de galeras y de planas. El primer libro del que fui lector fue la versión en castellano de Reportaje al pie de la horca, de Julius Fučik. [1]
Como correctores, aprendimos a corregir pruebas y a hacer uso de los signos de corrección. La corrección fue, por lo tanto, la primera etapa de nuestra formación antes de pasar a trabajar en la redacción de la editorial donde completaríamos nuestro aprendizaje.

[1] Julius Fučik: Reportaje la pie de la horca, Editorial de Ciencias Sociales, 1974.]

[Imagen: Theodor Galle: Impressio Librorum (Impresión de libros), hacia 1633, grabado.]

viernes, 29 de abril de 2011

Sobre la edición (6)

Epílogo. Las cinco entradas precedentes sobre la edición han tratado acerca de unas cuantas diferencias esenciales entre los estilos editoriales en castellano e inglés. [1]
La mayor parte de estas cuestiones aparecen detalladas en los manuales de estilo, instrucciones u otros documentos que norman el estilo de las editoriales en ambas lenguas.
En el caso de los artículos científicos, las revistas especializadas (journals) incluyen sus requisitos de presentación en sus números. Estos requisitos de estilo han sido adaptados en su mayor parte de otros requisitos más generales como los que publican algunas asociaciones profesionales y algunas editoriales.
Se presupone que los traductores deben estar familiarizados con los requisitos de estilo de sus clientes en lengua castellana o inglesa. Este conocimiento contribuye a entregar mejores trabajos.

[1] Para la primera, segunda, tercera, cuarta y quinta partes de estos comentarios, ver «Sobre la edición (1), (2), (3), (4) y (5)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8 y 22 de abril de 2011.

viernes, 22 de abril de 2011

Sobre la edición (5)

Pies de grabado. El estilo editorial en inglés diferencia los pies de grabado en dos tipos: captions (línea breve de texto que identifica el grabado) y legends (una o más oraciones que identifican el grabado). Las primeras no terminan en punto porque no son oraciones, como es el caso de las legends. El estilo editorial en castellano no establece estas diferencias y ambas formas son pies de grabado. El uso del punto depende del estilo de cada editorial. [1]
Uso de mayúsculas. Los estilos editoriales en castellano e inglés cumplen con las normas ortográficas de cada lengua para el uso de las letras mayúsculas. Sin embargo, a continuación incluyo algunos casos acerca de dónde podemos encontrar diferencias en ambos estilos:
títulos civiles y cargos
grados militares y cargos
títulos religiosos y cargos
títulos profesionales
títulos nobiliarios
títulos honoríficos
grados académicos
gentilicios
tribus
nombres y términos religiosos
términos militares
grupos raciales
grupos lingüísticos
términos geográficos y topográficos
divisiones políticas y administrativas
clases sociales y económicas
períodos históricos y culturales
acontecimientos históricos y culturales
estaciones, meses y días de la semana
términos científicos
títulos de obras literarias, periodísticas y artísticas

[1] Para la primera, segunda, tercera y cuarta partes de estos comentarios, ver «Sobre la edición (1), (2), (3) y (4)», 18 y 25 de marzo, y 1 y 8 de abril de 2011.

viernes, 8 de abril de 2011

Sobre la edición (4)

Citas textuales. También hay diferencias en los estilos tipográficos cuando se editan las citas.
Comillas dobles. Los estilos editoriales en inglés y en castellano emplean las comillas dobles para las citas, aunque su tipografía es diferente. El primero emplea las llamadas comillas altas o inglesas (“…”) y el segundo, las bajas o españolas («…»). [1]
Comillas simples o sencillas. Tanto un estilo editorial como el otro necesitan diferenciar las citas dentro de las citas. Para eso, el estilo editorial en inglés recurre a las comillas dobles para la cita principal, pero encierra la cita dentro de ella entre comillas simples (“… ‘…’ …”). El estilo editorial en castellano prefiere las comillas españolas para la cita principal y las comillas inglesas para la cita dentro de ella («…“…”…»). Algunos editores británicos prefieren emplear las comillas simples (‘…’) para las citas principales. Las citas dentro de las citas se encierran entonces entre comillas dobles (‘…“…”…’).
Citas en bloque. Tanto el estilo editorial en inglés como en castellano omiten las comillas en este tipo de citas.
Más de un párrafo. El estilo editorial en inglés prefiere por lo general el empleo de las comillas dobles, una —comilla de seguir— al comienzo de cada nuevo párrafo (“) y la otra al final del último párrafo (”). El estilo editorial en castellano también emplea las comillas dobles, aunque utiliza una al comienzo del primer párrafo («) y la otra —comilla de seguir— (») al comienzo de cada nuevo párrafo y también al final del último. [2]

[1] También se conocen como latinas o angulares.
[2] Para la primera, segunda y tercera partes de estos comentarios, ver «Sobre la edición (1), (2) y (3)», 18 y 25 de marzo, y 1 de abril de 2011.