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viernes, 10 de enero de 2014

Cambios fiscales

Comenzamos el año con novedades en los trámites de Hacienda, que ha anunciado la eliminación de las presentaciones en papel de algunas de sus declaraciones informativas.
A los autónomos nos afectan dos: los modelos 390 (Declaración-Resumen Anual del IVA, a partir de enero de 2014) y 303 (Autoliquidación trimestral del IVA, a partir de abril de 2014). Debemos presentar estos documentos por Internet mediante certificado electrónico, el sistema PIN24H o el sistema de predeclaración a través de la Sede Electrónica de la Agencia Tributaria.
Donde no hay novedades es en el IVA y en el IRPF que se mantienen en 21%, ni en las tarifas que siguen estando entre las más bajas de los diez países más desarrollados.

[Imagen: Paul Vos: El recaudador de impuestos, óleo sobre tela, 1543.]

  

viernes, 13 de diciembre de 2013

El descanso programado

Para un autónomo, programar los días de descanso y de vacaciones no suele ser fácil. Siempre nos movemos en una tierra de nadie plagada de incertidumbres.
Hay épocas como los veranos, o las fiestas navideñas y de fin de año, cuando las actividades laborales se suelen ralentizar y parecen ser los momentos ideales para hacer ese tipo de planes.
Pero no siempre es así. Por ejemplo, muchas veces, algunos clientes —sobre todo editoriales— suelen dejar encargos antes de irse de vacaciones para tenerlos a su disposición a su regreso. Si habíamos hecho planes para irnos de vacaciones, esto nos plantea una disyuntiva: hacer el trabajo o seguir adelante con nuestros planes.
Esto nos puede frustrar. Yo creo que hay que aprovechar la flexibilidad que nos permite nuestra autonomía para decir que sí a los trabajos y aprovechar cualquier momento libre para descansar y disponer de unos días de relajación. En estas circunstancias, no viene mal un poco de improvisación para aprovechar con un buen descanso los días cuando no tenemos trabajos pendientes.
Así cumplimos con los encargos de nuestros clientes, que sabrán que estamos disponibles cada vez que nos necesitan, y también nos damos un tiempo para reponer nuestras fuerzas y disfrutar de los frutos de nuestro trabajo.

[Imagen: Ford Madox Brown (1821–1893): Traveler (Viajero), óleo sobre tela, 1868.)


viernes, 6 de diciembre de 2013

La administración de la paciencia

Después de la digresión gastronómica de la semana pasada, vuelvo a nuestros temas habituales. En este caso, publico un nuevo comentario sobre las relaciones con los clientes.
Hay clientes difíciles. Todos los autónomos hemos tropezado con ellos. Son precisamente esos casos en los que hay que administrar muy bien la paciencia. Pero como todo en nuestras vidas, la paciencia tiene sus límites y hay que estar alertas para no perder la compostura cuando de difíciles algunas personas pasan a ser desesperantes.
Lo más sensato es conservar un tono amable, pero firme. No hay que dejar que alguien malinterprete que amabilidad es sinónimo de sumisión. Una actividad profesional solo es rentable cuando tiene el respeto del cliente.
De ese respeto dependen no solo el trato personal sino la concertación de las tarifas y de las condiciones de entrega.
No es productivo trabajar para un cliente que subestima nuestra capacidad profesional, que cuestiona la calidad de nuestro trabajo, nuestros precios, y los tiempos que necesitamos para el ejercicio serio de nuestra profesión.
Como he señalado en otra ocasión, si encontramos clientes que son así, es preferible no tenerlos antes que llegar a perder la paciencia. [1]

[1] Ver «Consejos prácticos: Clientes (1)», 7 de octubre de 2011 y «Consejos prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011.

[Imagen: Scriptorium Monk at Work, grabado publicado en William Blades: Pentateuch of Printing with a Chapter on Judges, E. Stock, 1891.]


viernes, 22 de noviembre de 2013

¿Cómo trabajar?

Es una cuestión tan personal como cualquier otra de las preferencias de cada individuo, aunque sí hay algunos elementos básicos.
Por ejemplo, ya que los traductores autónomos estamos en casa, vestir ropa cómoda y fresca en los meses más cálidos, y de abrigo en los más fríos, porque nos ayuda a trabajar con una sensación más placentera.
También tener en cuenta la conveniencia de cumplir con nuestros horarios de comida, además de los necesarios períodos de descanso.
El ambiente de trabajo es muy importante, tanto como una temperatura adecuada. Una buena iluminación, un nivel apropiado de silencio, una silla confortable donde pasar largas horas de trabajo, una postura adecuada del cuerpo, crear aquellas condiciones que más favorecen nuestra concentración…
La lista puede ser extensa, pero debe adecuarse a nuestras preferencias y a nuestras particularidades.
Lo importante es crear un ambiente que propicie al máximo nuestra productividad sin sacrificar nuestra sensación de bienestar.

[1] Ver también «Programa del día», 21 de septiembre de 2013, «Horas de trabajo», 1 de noviembre de 2013 y «¿Cuánto trabajar?», 8 de noviembre de 2013.

[Imagen: Alberto Durero: Der heilige Hieronymus im Gahäus [San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su gabinete], 1514, grabado.]


viernes, 8 de noviembre de 2013

¿Cuánto trabajar?

Un traductor que trabaja demasiado no es realmente un trabajador productivo. Entre seis y ocho horas diarias de trabajo son suficientes para alcanzar una meta de 2.000 palabras de traducción de buena calidad. El cansancio no ayuda a lograr los niveles de concentración que hacen falta para trabajar bien.
Por lo tanto, he puesto en práctica un sistema de dos turnos de cuatro horas con una hora u hora y media de comida y siesta intermedias. Como me levanto a las 6.00, eso significa que comienzo a trabajar alrededor de las 7.00 y que he terminado de trabajar sobre las 17.00. También me tomo cinco o diez minutos de descanso cada hora para hacer caminatas cortas por la casa, beber una taza de té o de café y descansar la vista del monitor del ordenador.
Dos mil palabras en una hornada de ocho horas, cinco días a la semana, son suficientes. Sin embargo, todo depende de nuestra productividad. [1]

[1] Ver también «Programa del día», 21 de septiembre de 2013 y «Horas de trabajo», 1 de noviembre de 2013.

[Imagen: Antonello da Messina: San Gerolamo nello studio / San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su estudio], c. 1774–1775, óleo sobre madera.]


viernes, 1 de noviembre de 2013

Horas de trabajo

Hoy vuelvo sobre el tema de la planificación del trabajo, que ya había tratado hace unas semanas. [1]
Si estamos de acuerdo con la necesidad y la utilidad de hacer un programa diario de actividades, conviene tener en cuenta además algunas cuestiones relacionadas con la distribución de las horas del día.
El modelo que yo he utilizado siempre se basa en la idea de establecer horas fijas para desarrollar las actividades del día; en particular, las de carácter profesional.
Como traductor autónomo, trabajo con una norma de traducción de 2.000 palabras diarias. Para lograr cumplir esa norma, mantengo una disciplina de trabajo ajustada a un horario fijo.
No creo que sea necesario ajustarse a un modelo preestablecido, como el de Benjamin Franklin, que me sirviera hace muchos años de inspiración personal. Creo que cada horario de actividades —de trabajo— debe ajustarse a las circunstancias personales de cada cual, tanto en sus horas de comienzo, intermedias y de finalización. No creo necesario levantarnos a las 5 de la mañana e irnos a dormir a la 1 de la madrugada como hacía Franklin. Sin embargo, sí creo que es conveniente tener en cuenta nuestras horas de mayor productividad para dedicarlas al trabajo.
Madrugar puede ser positivo para unos y negativo para otros. Trabajar las mañanas y las tardes o las tardes y las noches puede mejorar o perjudicar el trabajo de otros. La clave está en desarrollar —y cumplir— aquel horario que mejor se adecue a nuestras características personales.

[1] Ver «Programa del día», 21 de septiembre de 2013.

[Imagen: Domenico Ghirlandaio: San Jerónimo en su gabinete, fresco, 184 × 119 cm (1480).

  

viernes, 27 de septiembre de 2013

Programa del día

Como autónomo, tengo mi propio «reglamento interno». Una de sus reglas es cumplir un programa diario para coordinar mi trabajo y mis actividades.
Cuando estudiaba enseñanza secundaria en Miami, pedí prestada la autobiografía de Benjamin Franklin en la biblioteca pública local. En dicha obra, encontré la descripción de sus ocupaciones diarias en lo que llamó: «scheme».
Siempre he tenido en gran estima su método y, desde entonces, he organizado mi trabajo sobre la base de un programa diario que me ha ayudado a aprovechar al máximo mi tiempo, especialmente cuando estoy sobrecargado de trabajo.
Planificar con anticipación ahorra tiempo y esfuerzo, nos aporta una visión clara de nuestras prioridades, nos ayuda a controlar lo que hacemos y contribuye, además, a organizar nuestros necesarios períodos de descanso y el tiempo libre.
Seguir un programa diario bien planificado es una de mis mayores recomendaciones a mis colegas más jóvenes.

[Imagen: «Scheme», página tomada de The Autobiography of Benjamin Franklin, publicada originalmente por J. Parsons, Londres, 1793, con el título The Private Life of the Late Benjamin Franklin, LL.D.]


viernes, 30 de agosto de 2013

Algo más sobre la precisión

Ya he comentado antes sobre la importancia de la precisión en las traducciones, [1] y hoy quiero volver sobre este tema. He leído recientemente una novela en la que el traductor y el editor han dejado en inglés el término stent. Para quienes no están familiarizados con la terminología médica, se trata de una prótesis cilíndrica que se puede introducir dentro de una estructura tubular del organismo para impedir que se cierre y se obstruya.
En el caso que nos ocupa, la búsqueda de stent en un diccionario médico hubiera dado el término correcto en español: endoprótesis vascular. Una búsqueda en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (versión accesible en Internet) hubiese resultado en que el término estent ha sido aprobado para su inclusión en su vigésima tercera edición.
El uso de un término en inglés como stent, aunque esté sobradamente sancionado por el uso en el lenguaje médico, no nos exime de buscar otras alternativas. Solo recomiendo el empleo de una forma inglesa dentro de un texto en español como una excepción extrema después de agotadas otras posibilidades.

[1] Ver «Baseball es béisbol», 27 de julio de 2012, «Más sobre la precisión en las traducciones», 24 de agosto de 2012, y  «Los “fingers” en los aeropuertos», 7 de septiembre de 2012.

[Imagen: Scriptorium Monk at Work, grabado publicado en William Blades: Pentateuch of Printing with a Chapter on Judges, E. Stock, 1891.]


viernes, 23 de agosto de 2013

En busca de la excelencia

Siempre me ha gustado la frase de Michael LeBoeuf: «Un cliente satisfecho es la mejor estrategia empresarial.»
Este es el tipo de estrategia que recomiendo a mis jóvenes colegas en privado y en el aula. Un cliente satisfecho es una posible fuente de nuevos trabajos gracias a esa efectiva forma de mercadotecnia que convierte las recomendaciones de otros en una de las mejores formas de promover nuestros servicios.
Siempre he insistido en que, sin importarnos lo pequeño que sea el volumen de negocios de un cliente o lo poco extenso que sea un trabajo, debemos buscar la excelencia. Aunque raras veces la logremos, vale la pena hacer el esfuerzo porque buscar la excelencia produce buenas traducciones según los estándares normales.
Esto incluye su entrega escrupulosamente puntual.

[Imagen: Pieter Brueghel: La torre de Babel, óleo sobre madera, 114 × 155 cm (1563).


viernes, 19 de julio de 2013

Sobre la jubilación

Traducir y editar no tienen nada de aburrido. Por ejemplo, este primer semestre de 2013 mi esposa y yo hemos traducido, revisado y corregido textos de las temáticas siguientes: arte, biografía, cocina, empresariales, farmacología, ficción, física y turismo. También he asesorado a una pequeña editorial española sobre una obra que están editando en inglés después de traducirles cuatro de sus textos preliminares a esa misma lengua.
Esto es lo que hace tan difícil la idea de la jubilación. Uno sabe que la hora se aproxima, pero es duro imaginar una mañana sin una página en blanco y un texto a la espera de ser traducido; un original listo para ser revisado o unas pruebas por corregir.
Es algo que se disfruta haciéndolo y que se ha convertido en una parte importante de la vida cotidiana. Es más que una cuestión de ingresos. Es duro renunciar a algo que nos ha puesto en contacto con personas muy talentosas e interesantes; que ha contribuido a nuestro conocimiento y a nuestra cultura durante más de medio siglo.

[Imagen: Domenico Ghirlandaio: San Jerónimo en su gabinete, fresco, 184 × 119 cm (1480).


viernes, 9 de noviembre de 2012

Traducir para auto-publicaciones

En la medida en que la crisis económica se agudiza en España y los editores corren menos riesgos, más autores comienzan a pensar en la auto-publicación como forma de promover su obra, no solo en castellano sino en otras lenguas.
Por lo tanto, va surgiendo una pequeña necesidad de traducciones solicitadas directamente por los autores, y los traductores deben estar preparados para satisfacer esta nueva demanda.
Las leyes que protegen los derechos de autor son claras en cuanto a los derechos de propiedad intelectual que tienen los traductores sobre su trabajo cuando tratan con las editoriales. Sin embargo, los autores que recurren a la auto-publicación y se convierten en sus propios editores no están siempre concientes de esos derechos.
Esto significa que, cuando los traductores negocian una traducción, deben informar al autor sobre este aspecto de su trabajo y firmar contratos para proteger sus derechos sobre la traducción.
No hacerlo así puede implicar que tendrían que correr el riesgo de solo recibir el pago por la primera edición auto-publicada y perder cualesquiera beneficios de futuras ediciones o el reconocimiento de sus derechos en futuros contratos de edición entre autores y terceras partes.

[En la imagen: Alberto Durero: Der heilige Hieronymus im Gahäus [San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su gabinete], 1514, grabado.]

viernes, 7 de septiembre de 2012

Los «fingers» en los aeropuertos


En su forma coloquial en inglés, las pasarelas de acceso a aeronaves en los aeropuertos se llaman fingers. Sin embargo, en dependencia de dónde uno esté, pueden llamarse aerobridge, air jetty, air bridge, jet bridge, jet way, loading bridge, passenger walkway, etc.
No hay ninguna necesidad de dejar el termino finger en inglés en nuestras traducciones al castellano como he leído recientemente. Basta con pasarela o pasarela de acceso. [1]

[1] Ver «Baseball es béisbol», 27 de julio de 2012; y «Más sobre la precisión en las traducciones», 24 de agosto de 2012.

[Imagen: Mesa de trabajo medieval publicada originalmente en G. F. Rodwell: South by East: Notes of Travel in Southern Europe, Marcus Ward, 1877.]

viernes, 31 de agosto de 2012

Revisar dos veces


He publicado recientemente un par de entradas acerca de la importancia de la precisión en las traducciones, y algunos de mis colegas más jóvenes pudieran preguntarse cómo pueden mejorar su trabajo además de buscar las palabras más precisas. [1]
Yo recomiendo revisar las traducciones dos veces. Revisar dos veces significa, primero, cotejar el texto traducido con el manuscrito original. En segundo lugar, releerlo para una revisión final. [2]
Si alguien no está familiarizado con las técnicas de edición, revisión de estilo y corrección ortográfica y tipográfica, debe considerar estas ideas:
A. Recordar que la arrogancia —creer en nuestra infalibilidad— allana el camino del error, mientras que una meditación moderada de duda puede ayudar a mejorar la atención a los detalles.
B. Comprobar los encabezamientos primero.
C. Comprobar las fuentes tipográficas que son diferentes al resto del texto.
D. Leer lentamente el cuerpo del texto, palabra por palabra y, preferiblemente, en voz alta.

[1] Ver «Baseball es béisbol», 27 de julio de 2012 y «Más sobre la precisión en las traducciones», 24 de agosto de 2012.
[2] Ver también «Sobre las traducciones (2)», 28 de enero de 2011 y «Sobre las traducciones (3)», 4 de febrero de 2011.

[Imagen: Scriptorium Monk at Work, grabado publicado en William Blades: Pentateuch of Printing with a Chapter on Judges, E. Stock, 1891.]

viernes, 24 de agosto de 2012

Más sobre la precisión en las traducciones


A mediados de 2011, publiqué una serie de «consejos prácticos» para mis colegas más jóvenes. [1] Esta serie incluyó una entrada acerca de lo que yo considero son las buenas prácticas de un traductor. Una de ellas recomienda que un traductor profesional «debe ser preciso y no alterar, añadir u omitir nada del texto encargado porque usted es el único responsable de la calidad de su traducción.» [2]
En esta entrada de hoy, quisiera insistir en este tema porque he encontrado recientemente dos ejemplos de imprecisiones que se pudieron evitar en un par de novelas traducidas que he leído antes de irme a dormir.
El primer ejemplo es la palabra borderline, que se dejó varias veces en inglés en la traducción al castellano de unos fragmentos acerca del diagnóstico de la salud mental de un personaje que era un caso evidente de trastorno límite de personalidad y que, en medicina, se puede traducir al castellano de dos formas: limítrofe o fronterizo.
El otro ejemplo es medical examiner, que, en otra novela, se tradujo incorrectamente por «examinador médico» en lugar de la forma correcta médico forense.
Reconozco que los traductores literarios no tienen que estar completamente familiarizados con la terminología científica. Sin embargo, eso no los exime de buscar el término correcto para ser precisos en sus traducciones. [3]
Por otra parte, los editores, revisores de estilo y correctores de pruebas no deben pasar por alto esos detalles terminológicos. Tanto los autores como los lectores merecen algo mejor.

[1] Ver la serie Consejos prácticos, 5 de agosto–18 de noviembre de 2011.
[2] Ver «Consejos prácticos: Buenas prácticas en traducción», 16 de septiembre de 2011.
[3] Ver también «Baseball es béisbol», 27 de julio de 2012.

[Imagen: Expertos examinan la piedra de Rosetta en el Museo Británico, grabado publicado por el Illustrated London News, el 12 de septiembre de 1874, acerca del Segundo Congreso de Orientalistas celebrado ese año en Londres.]

viernes, 3 de agosto de 2012

España: nuevos impuestos


Los traductores que trabajamos —o los que piensan trabajar— en España o con clientes españoles deben tener esto en cuenta: a partir de 1 de septiembre de 2012, el impuesto sobre el valor añadido (IVA) aumentará del 18% al 21% y el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) para los profesionales autónomos aumentará del 15% al 21%.
Literalmente, esto quiere decir que pagaremos a Hacienda 21 céntimos por cada euro facturado por los servicios prestados, además de pagar los costes y el aumento impositivo de nuestra actividad profesional (por ejemplo: diccionarios y obras de referencia, electricidad, comunicaciones, transporte, suministros de oficina, etc.) y la cuota mensual por estar registrados como autónomos en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

[Imagen: Paul Vos: El recaudador de impuestos, 1543, óleo sobre tela.]


viernes, 20 de julio de 2012

La otra cara del trabajo


Un/a colega se quejó hace algunas semanas de que él/ella había trabajado para un cliente «por una tarifa de traducción muy baja» porque «en ese momento no tenía mucho trabajo, y lo acepté». Cuando él/ella pidió «a finales de marzo, que le pagaran las facturas de sus trabajos de abril, el director le dijo que ellos pagaban a sus traductores ¡a los 90 días!».
El problema con este/a colega es que una vez que uno acepta trabajar por tarifas muy bajas y espera a terminar el trabajo para averiguar cuándo se cobrará, no se puede esperar respeto profesional y se corre el riesgo de que ni siquiera paguen.
La experiencia nos enseña que si un cliente quiere pagar a los 90 días y no es lo bastante solvente para pagar a los 30, es mejor buscarse otro. [1]

[1] Ver «Consejos prácticos: Clientes (1)», 7 de octubre de 2011 y «Consejos prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011.

[Imagen: Domenico Ghirlandaio: San Jerónimo en su gabinete, fresco, 184 × 119 cm (1480).

viernes, 6 de julio de 2012

Sobre la ola de la crisis


He estado revisando lo que mi esposa y yo hemos traducido, revisado el estilo, y corregido tipográfica y ortográficamente, en los últimos seis meses (debo hacer el informe del IVA de este segundo trimestre a Hacienda), y me ha sorprendido ver la variedad de los encargos: anuncios publicitarios; libros de texto, de cocina, sobre estilos de vida, de gestión administrativa; guías de turismo; enciclopedias; catálogos; manuales de medicina, y hasta una versión de la Biblia.
Me parece que es un buen ejemplo de la necesaria adaptación a las nuevas condiciones de trabajo en tiempos de crisis económica. No rechazar ningún encargo es una buena política en estas circunstancias, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades. No importa que sea una labor poco habitual o lo poco acostumbrados que estemos a trabajar algunos temas.
Esto es particularmente cierto cuando se necesita conservar clientes y sumar algunos nuevos.

[En la imagen: Alberto Durero: Der heilige Hieronymus im Gahäus [San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su gabinete], 1514, grabado.]

viernes, 18 de noviembre de 2011

Consejos prácticos: Derechos (Copyright)

Las leyes del derecho de autor (copyright) establecen las relaciones entre editores, autores y traductores en cada país. Por lo tanto, es importante tener conocimientos básicos de ellas, de manera que podamos estar informados acerca de la propiedad de esos derechos, y cómo se pueden transferir y administrar.
Uno de estos derechos concierne particularmente a los traductores porque nuestro trabajo se basa en obras originales propiedad de autores que transfieren sus derechos a unos editores, quienes, a su vez, firman contratos de traducción con los traductores. Esa es la razón por la cual los traductores deben consultar las leyes de derechos de autor de su país de residencia o de residencia del cliente.
Por ejemplo, en España, estos derechos quedan establecidos en el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, de Propiedad Intelectual; en los Estados Unidos, en la Copyright Act of 1976 (Public Law 94–553); y en el Reino Unido en la Copyright, Designs and Patents Act 1988.
Estas leyes incluyen por lo general los tipos de obras que están sujetas a derecho de autor, y sus limitaciones y alcance. [1]

[1] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011; [4] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011; y «Consejos prácticos: Los inicios», 5 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Tiempo completo o parcial»; 12 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Traductor autónomo o empleado», 19 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Aspectos legales, fiscales y administrativos», 26 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Servicios y mercado de destino», 2 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Capacidades y limitaciones administrativas», 9 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Buenas prácticas en traducción», 16 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: La competencia», 23 de septiembre de 2011, «Consejos prácticos: Inversiones», 30 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (1)», 7 de octubre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011; «Consejos prácticos: Manuscritos », 28 de octubre de 2011, «Consejos prácticos: Tipografía », 11 de noviembre de 2011.

[En la imagen: Expertos examinan la piedra de Rosetta en el Museo Británico, grabado publicado por el Illustrated London News, el 12 de septiembre de 1874, acerca del Segundo Congreso de Orientalistas celebrado ese año en Londres.]

viernes, 11 de noviembre de 2011

Consejos prácticos: Tipografía

Cuando comencé a traducir en la «era de la máquina de escribir», no teníamos opción. Ahora, cuando trabajamos en la «era del ordenador», podemos escoger entre una variedad de tipos de imprenta. Esta entrada acerca de la tipografía y la traducción pudiera resultar útil a algunos principiantes.
A menos que el cliente pida un tipo específico, yo prefiero usar fuentes (juegos completos de un tamaño determinado y estilo [1]) con las características siguientes:
A. Un tipo de imprenta con un juego de caracteres —letras, números, signos de puntuación y también símbolos— apropiado para el tema que voy a traducir.
B. Tipos sans serif (sin serif: esas pequeñas líneas decorativas que llevan algunos caracteres) que encuentro más legibles. [2]
C. Caracteres de 12 puntos, también por su legibilidad durante mi cotejo y proceso final de corrección de estilo.
Si los clientes no lo especifican, tecleo generalmente mis traducciones en:
A. Arial 12 puntos para el cuerpo del texto y para los titulares (portadillas, títulos de los capítulos y subtítulos de diferentes niveles). [3]
B. Espaciado sencillo en los párrafos.
C. Párrafo español (primera línea con sangría).
D. Justificación irregular (margen derecho sin justificar). [4]

[1] Los estilos de imprenta se denominan por lo general (en orden alfabético): egipcio, escritura, fantasía, gótico, grotesco, romano antiguo y romano moderno. Los estilos no se deben confundir con las fuentes, que se clasifican básicamente (también en orden alfabético) según el ancho, el grosor, inclinación a la derecha, el serif, y el tamaño.
[2] Es una preferencia estrictamente personal. Los diseñadores gráficos —que probablemente tengan razón— argumentarían que los serifs sirven de guía para nuestros ojos durante la lectura y hacen más legibles los textos impresos.
[3] Prefiero Arial (sans serif, 12 puntos) porque incluye muchos estilos diferentes que, por lo general, resultan muy útiles cuando se traducen libros y artículos para revistas.
[4] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011; y «Consejos prácticos: Los inicios», 5 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Tiempo completo o parcial»; 12 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Traductor autónomo o empleado», 19 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Aspectos legales, fiscales y administrativos», 26 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Servicios y mercado de destino», 2 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Capacidades y limitaciones administrativas», 9 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Buenas prácticas en traducción», 16 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: La competencia», 23 de septiembre de 2011, «Consejos prácticos: Inversiones», 30 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (1)», 7 de octubre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011; «Consejos prácticos: Manuscritos », 28 de octubre de 2011.

[En la imagen: Abraham Bosse. Taller de impresor, c. 1642, grabado.]

viernes, 28 de octubre de 2011

Consejos prácticos: Manuscritos

Desde una perspectiva editorial, un manuscrito —no necesariamente escrito a mano— es un texto que un autor presenta a un editor ya sea mecanografiado —en una máquina de escribir— o en formato electrónico —tecleado en un ordenador— para que sea editado para su publicación.
El concepto de autor —creador de una obra escrita— se amplía también editorialmente para que incluya a los compiladores de antologías, a los editores de colecciones de textos tomados de varias fuentes y a los traductores, porque todos ellos también crean textos para su publicación. Por lo tanto, la preparación adecuada del manuscrito nos concierne a todos. [1]
Aunque cada editor particular establece sus propias normas para la presentación de manuscritos, estos breves consejos prácticos pueden resultar útiles para los traductores que se inician en el oficio.
A. Se deben enviar al editor todas las partes de la obra, artículo o texto traducidos en el mismo orden en que aparecen en el manuscrito original presentado antes por el autor.
B. A solicitud del editor, las tablas y cuadros, ilustraciones y pies de grabado pudieran entregarse en archivos generados por ordenador aparte y en impresiones por separado.
C. Todas las páginas de la traducción deben estar numeradas consecutivamente.
D. A solicitud del editor, las traducciones se pudieran entregar por correo-e o en discos magnéticos, o impresas en papel, o ambos.
E. Las impresiones se solicitan por lo general en papel blanco de 80 gramos, de tamaño estándar (210 × 297 mm) y de buena calidad.

[1] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011; y «Consejos prácticos: Los inicios», 5 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Tiempo completo o parcial»; 12 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Traductor autónomo o empleado», 19 de agosto de 2011;
«Consejos prácticos: Aspectos legales, fiscales y administrativos», 26 de agosto de 2011; «Consejos prácticos: Servicios y mercado de destino», 2 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Capacidades y limitaciones administrativas», 9 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Buenas prácticas en traducción», 16 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: La competencia», 23 de septiembre de 2011, «Consejos prácticos: Inversiones», 30 de septiembre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (1)», 7 de octubre de 2011; «Consejos prácticos: Clientes (2)», 14 de octubre de 2011.

[En la imagen: Theodor Galle: Impressio Librorum (Impresión de libros), hacia 1633, grabado.]