viernes, 12 de agosto de 2011

Consejos prácticos: Tiempo completo o parcial

Es cuestión de preferencias. Si quiere dedicar todo su tiempo a la profesión, debe tener en cuenta que tiempo completo significa realmente trabajar por lo menos ocho horas diarias durante cinco días a la semana para un total de 40 horas. Por otra parte, trabajar a tiempo parcial significa trabajar menos de 40 horas a la semana, pero esto probablemente incluye simultanear la traducción con otro tipo de trabajo para compensar los ingresos.
La traducción a tiempo completo es más estable, pero el trabajo a tiempo parcial permite depender menos de una sola fuente de ingresos y puede servir como fuente suplementaria para otras profesiones.
Seleccionar una u otra de estas opciones depende también de las circunstancias personales.
Sin embargo, desde el punto de vista profesional, concentrarse en la traducción a tiempo completo en preferible al trabajo a tiempo parcial. [1]

[1] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011; y «Consejos prácticos: Los inicios», 5 de agosto de 2011.

[En la imagen: Jost Amman: Der Buchdrucker (El impresor), 1568, grabado.]

viernes, 5 de agosto de 2011

Consejos prácticos: Los inicios

Si usted habla por lo menos dos idiomas con fluidez y está familiarizado con sus culturas generales; si se mantiene al día en ellos; si tiene una formación educacional sólida y/o un grado académico, una capacidad más que promedio para redactar y cierto grado de especialización en un campo determinado; si tiene por lo menos conocimientos informáticos medios y tiene una actitud dispuesta ante las nuevas tecnologías, pudiera estar pensando hacerse traductor profesional.
Antes de empezar, debería:
A. Optar entre una carrera a tiempo completo o a tiempo parcial.
B. Considerar si va a trabajar como autónomo o con un contrato de trabajo.
C. Informarse sobre la situación legal, administrativa y fiscal de esta actividad.
D. Determinar el tipo de servicio de traducción que puede ofertar a sus futuros clientes según el mercado donde aspira a introducirse.
E. Evaluar sus propias habilidades para los negocios y sus limitaciones para competir, negociar, fijar precios y ofertar sus servicios.
F. Conocer las ventajas de sus competidores y su posición en el mercado, sus servicios y precios.
G. Calcular el tiempo, el dinero y los recursos que necesitará invertir antes de obtener cualquier ganancia.
H. Saber que tendrá que administrar una cartera suficiente de clientes.

[1] Para más información acerca de la edición y la traducción, ver: «Sobre la edición (1), (2), (3), (4), (5) y (6)», 18 y 25 de marzo, y 1, 8, 22 y 29 de abril de 2011; y «Sobre las traducciones (1), (2), (3), (4) y (5)», 21 y 28 de enero, y 4, 11 y 18 de febrero de 2011.

[En la imagen: Alberto Durero: Der heilige Hieronymus im Gahäus [San Jerónimo (patrón de traductores e intérpretes) en su gabinete], 1514, grabado.]

viernes, 29 de julio de 2011

Segunda edición sobre gastronomía sana

El sello editorial Grijalbo, de Random House Mondadori, acaba de publicar la segunda edición de mi traducción inglés > castellano de 100 alimentos que curan, editado por Paula Bartimeus, cuyas primeras ediciones en inglés y castellano se publicaron en 2009. [1]
El subtítulo, «Combate las enfermedades más comunes y potencia tu salud», resume su contenido, relacionado con las propiedades medicinales de numerosos alimentos a los que se suman algunas recetas fáciles de preparar y listas de sus nutrientes.

[1] Para consultar otras entradas sobre mis traducciones gastronómicas, ver: «Traducciones gastronómicas»; 13 de noviembre de 2009; «Más cocina cubana», 27 de enero de 2010; «Más gastronomía, aunque más sana», 29 de enero de 2009; «Nuevo libro de cocina (1)», 5 de febrero de 2010; «Nuevo libro de cocina (2)», 12 de febrero de 2010; «Nuevo libro de cocina (3)», 19 de febrero de 2010; «Lost after Translation», 19 de noviembre de 2010; y «Nueva traducción gastronómica», 25 de febrero de 2011.

[En la imagen: Paula Bartimeus: 100 alimentos que curan, Grijalbo, segunda edición, julio de 2011.]

viernes, 22 de julio de 2011

¿«Traductor, traidor»?: Una breve revisión bibliográfica (5)

Conclusiones. En la breve revisión bibliográfica en las entradas precedentes, he condensado y sintetizado los resultados de una búsqueda de opiniones autorizadas. Mediante una comparación de las opiniones que aportan estas fuentes, he tratado de actualizar la información sobre este tema para conocer cuál es la tendencia predominante y aportar de esta manera un nuevo elemento de análisis para mi trabajo.
En general, las concusiones que se derivan de esta revisión es que hay una gran insatisfacción generalizada entre los traductores con sus relaciones con las editoriales, que las tarifas no facilitan el ejercicio profesional de la traducción, que los traductores sienten que su trabajo y ellos mismos son subestimados, y que no se cumplen escrupulosamente las leyes y las debidas obligaciones contractuales adquiridas con ellos.
Sería interesante que se realice un estudio exhaustivo acerca de en qué medida se cumple con el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.
Por lo que se deduce de los informes más recientes, la situación esbozada en 1997, en el libro de Rodríguez Morató, aún subsiste de forma bastante generalizada.
El peligro de esta situación se resume en ese «círculo vicioso» mencionado por Anne-Hélène Suárez en una cita precedente, que dificulta «cada vez más el trabajo de los traductores mejor formados en lengua y literatura, y con mejor disposición inicial para llevar a cabo su labor con la dedicación necesaria en unas condiciones dignas», y que, por otra parte, facilita «el acceso a la profesión a personas menos formadas en lengua y literatura, más ávidas en su búsqueda de encargos, menos escrupulosas en su ejecución, más susceptibles de aceptar las peores condiciones». [1]

[1] Anne-Hélène Suárez: «La labor del traductor sufre la inconsciencia total que de ella tienen los lectores», sitio web de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC), 12 de marzo de 2009.

Referencias
Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes (APETI): “Introducción”, sitio web de APETI.
Blanco Martínez, Rogelio: «Presentación», El libro blanco de la traducción en España, Ministerio de Cultura, 2010, p. 8.
Centro de Documentación del Libro y la Lectura, Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, Ministerio de Cultura: «La traducción editorial en España», diciembre de 2008.
Grossman, Edith: «Translating Cervantes», conferencia en el Inter-American Development Bank, Washington DC, 12 de enero de 2005.
Instituto Nacional de Estadísticas: Nota de prensa, 29 de marzo de 2011.
Macías Sistiaga, Carmen y Matilde Fernández-Cid, Catalina Martínez Muñoz y José Manuel de Prada Samper: «Informe sobre la situación del traductor de libros en España», Vasos Comunicantes, no. 25, primavera de 2003,
Rodríguez Marcos, Javier: «Los traductores levantan la voz», El País, 6 de junio de 2009.
Rodríguez Morató, Arturo: La problemática profesional de los escritores y traductores: una visión sociológica, ACEC, 1997, pp. 83–84.
Suárez, Anne-Hélène: «La labor del traductor sufre la inconsciencia total que de ella tienen los lectores», sitio web de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC), 12 de marzo de 2009.

viernes, 15 de julio de 2011

¿«Traductor, traidor»?: Una breve revisión bibliográfica (4)

Las relaciones contractuales. Sobre este tema, Arturo Rodríguez Morató comentaba en su libro de 1997: «Así, por ejemplo, con respecto a los problemas para el cobro de remuneraciones, que antes habíamos considerado en el caso de los escritores, vemos que los traductores los tienen todavía en mayor grado […]. Y aun cuando la trascendencia vital de tales problemas resulta en su caso más acusada.» [1]
«Por último, con respecto a las liquidaciones que el editor ha de hacer en el caso de haber contratado una traducción en la que se acordara el pago de derechos sobre la explotación del libro, el nivel de cumplimiento parece ser verdaderamente ínfimo […].» [2]
«Otro dato refrenda esta conclusión y completa el panorama de maltrato sistemático de los traductores por parte de los editores, que hemos dibujado hasta aquí: el del nivel de formalización contractual de las relaciones. En efecto, a pesar de la obligación legal que existe de plasmar los encargos de traducción en contratos por escrito, lo cierto es que solo una pequeña proporción de traductores logra hoy por hoy imponer esta práctica de modo habitual: tan solo una cuarta parte del total del colectivo; mientras, que son bastantes más (alrededor de un tercio) los que apenas suscriben nunca contratos.» [3]
Como testimonio de hasta qué punto subsisten los problemas expuestos en los párrafos y entradas anteriores desde 1997, cito a continuación las palabras del responsable de la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura en la presentación de El libro blanco de la traducción en España, publicado en 2010: «Se hace necesario seguir aunando esfuerzos para favorecer una relación más horizontal entre el editor y el traductor, para universalizar los contratos legales de edición, el cumplimiento de las condiciones en ellos estipuladas, para aportar mayor transparencia en los datos de tirada, apoyar el establecimiento de tarifas más equitativas y más justas que permitan a los traductores vivir de su profesión y para favorecer la proporcionalidad a la hora de percibir los beneficios. Es, cuando menos, paradójico que este colectivo que asume la ingente tarea de transmitir la cultura en beneficio de las civilizaciones no pueda vivir con dignidad de su profesión, un oficio del que también las editoriales son grandes beneficiadas. Retos, en definitiva, que todavía hoy requieren acciones de mejora, pues junto a los ilustradores y a los autores constituyen la tripleta más significativa de nuestra fortaleza creadora.» [4]
Los antes citados premios nacionales de traducción ya habían comentado el año anterior la continuidad de esta problemática.
María Teresa Gallego Urrutia confesó: «Después de 40 años de oficio, soy una privilegiada: me dan buenos libros, no me tocan una coma, [5] me respetan el contrato... Lo que quiero es que ésa sea la pauta para todos los traductores.» A una pregunta del entrevistador acerca de cuáles son las condiciones ideales de trabajo, respondió más adelante: «Que se cumpla la Ley de Propiedad Intelectual. Que no haya traducciones sin contrato y que no haya contratos que se salten la ley.» Después añadió: «Hace falta un organismo estatal que controle eso. Que no todo tenga que pasar por el juzgado.» [6]
Miguel Saénz comentó: «…que las editoriales respeten esos contratos. Porque las liquidaciones son de risa.» Después respondería a la pregunta acerca de si consideraba que la ley es buena: «Sí, pero se incumple. Y no puedes estar todo el día pleiteando con multinacionales.» [7]

[1] Arturo Rodríguez Morató: La problemática profesional de los escritores y traductores: una visión sociológica, ACEC, 1997, pp. 84.
[2] Rodríguez Morato: pp. 85–86.
[3] Rodríguez Morató. Pp. 86–87.
[4] Rogelio Blanco Martínez: El libro blanco de la traducción en España, Ministerio de Cultura, 2010, p. 8.
[5] Una de las costumbres más irritantes de algunos editores es introducir correcciones en los textos traducidos —para bien o para mal— que no se consultan con el traductor antes de publicarlos.
[6] María Teresa Gallego Urrutia, citada por Javier Rodríguez Marcos: «Los traductores levantan la voz», El País, 6 de junio de 2009. (Las cursivas son mías.)
[7] Miguel Saénz, citado por Javier Rodríguez Marcos: loc.it.